- Cameron, creo que ya sabés de que vamos a hablar, no?
- No, la verdad que no tengo ni idea Ricardo. Me invitaste a tomar un café y vine, tengo mucho laburo, pero bajé y acá estoy.
- No puedo creer que no te hayas dado cuenta aún.
- ¿De qué?
- ¿Sabés que en la oficina se habla todo el tiempo del mismo tema?
- No, yo solo vengo a trabajar y me voy. Por eso, te repito, que bajé a tomar un café, porque sos mi jefe.
- Camerón – y aspiró un poco de aire, llenando sus pulmones, retuvo un poco el aliento y lo largó, sin bufar del todo e intentando disimular un poco – todos hablan que te han encontrado en la cocina con una mujer…
- ¿Perdón? – frunciendo el seño y levantando los bordes de su boca sin poder entender del todo lo que su hasta ahora considerado amigo le estaba diciendo, aunque en seguida pensó en hacerle una escena, pero su razonabilidad hizo que pensara, al instante al mirarlo a los ojos le preguntó – ¿Qué estás diciendo?
- Hay un rumor que te encontraron con una mujer en la cocina del comedor, ambas sobre la mesada muy. ¿Cómo decirlo? Yo no quiero que nuestra relación laboral se arruine y mucho menos que tu continuidad en la empresa se vea opacada por una inclinación o gusto del que no tengo ningún derecho de calificar. El tema es lo que el resto está diciendo …
- Ricardo. Debo confesarte que me gustan los hombres. De hecho siempre me pareciste muy atractivo pero no he querido nunca mezclar trabajo con placer. Por eso mi novio es una persona que ni siquiera tiene que ver con el rubro. Siendo mi jefe, y además una persona algo confundida con rumores bastante erróneos, debo aclararte que la mujer con la que me encontraron en la cocina, es una compañera de trabajo que me contaba sus problemas matrimoniales, cuando entró Pastor. Nos vió a ambas charlando y quiso saber de qué se trataba. No le contamos nada y él salió algo ofendido. Por cierto, si no tenés otro tema que plantearme y considerando que para mí esto quedó claro, si tengo tu permiso, subiré a terminar con el diseño para la compañía naviera que me pediste.
- He…sí, subí y…perdóname. No sabía que Pastor había iniciado el rumor. Deja, creo entenderlo. Pastor es muy ´baboso con las mujeres, siempre está haciéndose el amiguito de todas y quizás se sintió, como decís vos, apartado, yo hablo con él y olvidate, disculpame.
- No, ni hables con él. Hablá con quien te comente del rumor y aclaralo, nada más. No vale la pena Pastor. Y no tenés que pedirme perdón. No cometiste ninguna falta. Nos vemos luego.
Ricardo se quedó pasmado, atónito, se sentía realmente incómodo, pero al mismo tiempo no podía dejar de recordar las palabras de Cameron “…siempre me pareciste atractivo…”. Se volvió a su oficina y decidió pedirse algo para comer en su escritorio, tenía que pensar como hablar con Pastor del tema. No podía dejar así esto, no toleraba un ambiente de histerias y chusmerío en su equipo, menos aún cuando el tema era con su empleada preferida, que encima de eficiente, ahora sabía que también tenía cierta inclinación hacia él…
Pastor estaba tomando un café y pensando cómo se acercaría a Bárbara, otra de las empleadas a las que él tenía en sus planes de conquista. Después de la desilusión con Cameron, de la que había recibido una parada de carro como pocas veces; aunque aún tenía fantasías con ella, sobre todo después del rumor que decía que la habían encontrado en la cocina con otra mujer a los manotazos y besos de lengua limpios, tenía que recurrir rápidamente a un plan B, de Bárbara, para continuar con su agresiva actitud conquistadora, aunque hasta ahora lo último que había conquistado eran un par de países jugando al TEG la noche anterior, contra su mujer. Hablando de su mujer, por suerte esta noche en la cena no la tendría que aguantar, ya bastante tenía con el día de hoy, safaba de ella porque tenía su cena de amigas.
Cameron salió de la oficina apresuradamente, se sentó en el banco de la plaza y la llamó a Sofía.
- Hola mi amor – la saludó Cameron por el celular.
- ¡Hola!
- Te confirmó que nos vieron en la cocina Sofía.
- Cameron, que hermoso fue eso, estaba tan bien con vos en ese momento que no me dí cuenta que nos vieron, y quién?
- Sofy, ya lo resolví, olvidate, no importa quien. Viste que Ricardo tiene debilidad por mí, bueno, maté dos pájaros de un tiro Sofy, nos sacamos de encima al baboso de Pastor en la oficina y quizás…
- Cameron, ¿qué hiciste?
- Dejá Sofy, al menos en la oficina no te joderá más. Pero nuestro encuentro de hoy lo tenemos que postergar, me atrasé con el trabajo que me encargó Ricardo y ahora más que antes quiero hacer buena letra con él. Me encanta la camisa escotada que te pusiste hoy, pero no puedo decírtelo en la oficina…te amo.
- Yo también Cameron, te voy a extrañar esta noche en la cama, besote.
- Chau mi vida, cuidate.
Pastor llegó a su casa esa noche, ya había avisado a la empleada que lo esperara con la comida lista. Se extrañó mucho cuando vió la mesa puesta para dos personas. Miró hacia la cocina y vió que su esposa estaba en ella charlando con la empleada. Pensó rápidamente que la cena no iba a ser él que había planeado. Su mujer se sentó a la mesa, sin decir palabra alguna. Sabía que cualquier sonido que emitiera sería usado en su contra. Pastor la miró y…
- ¿Sabías que esperaba poder cenar tranquilo? – le dijo él con voz altanera
- ¿En serio? – le contestó ella mirándolo con sonrisa irónica
- ¿Me lo hacés a propósito?
- No me podría salir tan bien si quisiese hacerlo.
- ¿Desde cuándo usas esa camisa con tantos botones desabrochados?
- Desde que me la puse hoy temprano, después de darme una ducha y vestirme – le dijo ella.
- Tomá – le dijo al mismo tiempo que le tiraba con la servilleta por la cara – usala para taparte un poco.
- Ok, pero eso me obliga a no ser menos considerada de lo que sos conmigo, tomá – le tiró con el pedazo de pan que estaba comiendo – comelo, así dejás de tirar mierda por la boca.
- Creo que tenés que bajar los decibeles un poco querida.
- Mmmm, creo que vos tendrías que bajar tu grado de ansiedad.
- Mirá, ya bastante con tener que verte en la oficina, encima…
- ¿Qué pasó hoy en la oficina? ¿Te rechazó alguna de tus empleaditas?
- Algo aún peor que eso, me rechazó Ricardo!
- Ah, no sabía que te gustaban los hombres también.
- No seas imbécil, Sofía, Ricardo me despidió.
Tom Bairon, El León de las Pampas. Todos los derechos reservados.